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La agonía de la docencia


OPINIONES DE UNA BRUJA

La frustración y el desdén me llevan a escribirte hoy porque me siento, de cierta manera, despojada del honor y la virtud como resultado de mi situación como profesora del Poli, una universidad pública en México.


La desmotivación que siento en este momento se desliza invisible y crece. Es como gafas oscuras que van apareciendo en los profesores al ingresar al cuerpo docente.


Es frustración por la injusticia. El resentimiento y la carencia se ciernen sobre el Poli como espantosas tinieblas.

Formo parte del gremio desfavorecido de maestros, con sus múltiples complejidades y absurdos.


Los dioses me arrojaron a la docencia. De pequeña, nunca me lo hubiera imaginado.

Para mí los maestros estaban ahí porque no habían tenido otras oportunidades, y ahora lo miro diferente, era falsa mi interpretación. Los maestros nos dedicamos a esto porque así nos ha orillado el universo, porque la semilla de la vocación nos ha hecho convertirnos en hermanos mayores, fuentes de inspiración y verdad.


Hubo una promoción en el IPN para basificación de horas. Tener más horas basificadas nos permite ganar un poco de seguridad financiera y es sólo un poco, porque mientras no se tenga el medio tiempo o el tiempo completo, el ingreso es limitado, no hay derecho a becas ni diversos incentivos ni otros beneficios que me permitían un sueldo digno para tener una mejor calidad de vida y vivir de la docencia.


Ningún apoyo recibo del SENTE, un gigante adolorido y tuerto, al que le cuesta trabajo mirar particularidades y actuar por su enorme estructura y tamaño. Sólo los que pertenecen a su plantilla se ven beneficiados.


Una hora me basificaron, tengo 18 más 1, lo que me hace continuar en una desfavorecida situación, aún no llego ni a 20 horas.

Te atontas entre sindicatos, la institución que mucho da pero con procesos inexplicables e injustos, procesos y administración llenos de vicios y falta de claridad.


La situación como profesor con pocas horas basificadas (menos del medio tiempo) es como un trago insípido.


Es insertarse en un sistema de enseñanza-aprendizaje obsoleto, sonámbulo. Maestro al frente, alumnos sentados en bancas incómodas. Escritorios a veces ausentes, en otros casos faltan las sillas. Parece un antiguo almacén de equipo y mobiliario viejo y descuidado.


Una institución que enseña tecnología pero no tiene buen internet, ni computadoras en los salones, ni laboratorios de punta, ni paredes de concreto, sólo hay pocas pantallas en salones de edificios que se hunden.


Estoy en ESIME Zacatenco donde se imparte la asignatura en ingeniería de sistemas cuya sabiduría claramente no se aplica.

Y la academia de humanidades, a la que pertenezco, adolece de falta de empatía.  Te vuelve la espalda en cada oportunidad. Es un sufrimiento llegar a acuerdos, ha heredado reglas inhumanas, luchas internas, procesos de toma de decisiones sin un liderazgo y sin una profunda filosofía, nada tiene de humanista. No me identifico (salvo contadas personas), parece que tienen corazones secos.


Y no puedo evitar verme invadida por el resentimiento que crece e infecta, y lo peor es que no se sabe hacia quién es: el gobierno por no atender ni dar más presupuesto, las autoridades de la institución por no abrir los ojos y accionar un cambio real y que beneficie a todos, o a las reglas obsoletas e insuficientes a las que les urge un cambio, a los administradores que no exigen y lo mantienen todo en condiciones deplorables, bajo las mismas e incluso peores condiciones que hace 20 años.


Compañeros me cuestionan: “¿qué estás dispuesta a dar?”. “Si quieres estar como nosotros tienes que sufrir lo mismo”. “Me tocó igual hace 20 años que estaba en tu situación”. “Todos tenemos que pasar por eso”.


Una invitación al castigo, a un sistema mantenido por largos años de inmovilidad, que se estrangula a sí mismo. URGE UN CAMBIO.


Y lo que yo digo es qué triste que todos tengamos que sufrir esto. Son como vencidos que invitan a prolongar un sistema en descomposición que sólo lleva a la podredumbre y desesperanza.


¡La educación no se debe impartir con sacrificios! Uno lo puede hacer por voluntad, por amor a la docencia, pero no es posible que tenga que ser así en un país cuyo gobierno no mira y destina recursos a fines absurdos, un gobierno corrupto y débil.


Cuando alguien se ha sacrificado es para lograr algo, lo virtuoso es hacerlo por los demás. Y aquí no ha valido la pena el sacrificio de tantos maestros que tienen 3, 8, 12, 15, 18 horas. Es como una desgraciada maldición. ¿Y qué se hace para cambiarlo? Sólo escucho:

“¡Así es la institución!”. El diablito ahí me dice: aguántate. Pero mi angelito y mi

DIGNIDAD me dicen: ¡No! ¡Basta, que se vayan al diablo!

Lo que busco es una situación digna, una buena calidad de vida como profesora del IPN y que en el futuro tenga tiempo para dedicarme a lo que amo: la investigación docente.


En la sociedad del cansancio, los adultos deben darse cuenta que ya no podemos seguir igual.


Se acabó la época de padecer para obtener algo. Visión que ha muerto en la mirada de los jóvenes, esto me hace pensar: ¿qué les estamos transmitiendo?


Y me hago muchas preguntas más

¿Por qué sigo aquí? ¿Acaso tengo una relación tóxica con el Poli? Bendita vida que me da otras fuentes de ingresos, de lo contrario viviría en la miseria.


Mirar a los jóvenes evolucionar me hace sentir plena, pero ¿a costa de qué?


Quisiera que llegara alguien lo suficientemente competente y cambiara la estructura infame, que viera por el bienestar real de todo el sistema, que peleara por presupuesto y diera condiciones dignas, equitativas y acordes a la realidad, tanto a los profesores como a los alumnos.


Miro a mi amado Poli agonizando, enfermo, gritando por una profunda de metamorfosis.

Para nada me siento motivada por un futuro pleno allí. En mis horas de actividades fuera del aula tengo que irme a mi camioneta para tener internet. Una maestra me ofreció su cubículo y ahí, a veces llega el internet, evitándome más frustración y pérdida de tiempo.


En clases tengo que llevar mi computadora, tenemos que movernos de salón para poder mirar videos.


¿Qué tiene que pasar?

La filosofía de carencia se transmite por todas partes, de resignación, y ya no estamos para eso. Estamos en la época de la expansión de la conciencia, de mirarnos y ayudarnos, de la solidaridad, cooperación para desencadenar un bienestar común y masivo.


Acortar distancias en todos los sentidos para tener una mejor calidad de vida, y tú mi querido Poli, eres un anciano agonizante que necesita ser insuflado de frescor, abundancia, sabiduría y bienestar, un sueño que parece insólito, lejano y nebuloso.

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