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LO QUE CREEMOS QUE ES NUESTRA HISTORIA

Actualizado: 26 mar 2023


Opiniones de una bruja


Cada día estamos entrando a una nueva etapa, aunque hay bloques de cambios más importantes como el que estamos experimentando en estos momentos.

Lo explicaré con una una metáfora: nuestro Mundo es como una ostra, y ahora se está abriendo, los límites y paradigmas se están rompiendo, haciéndose evidente que somos como huérfanos suspendidos en el espacio, hemos olvidado lo poco a lo que nos dieron acceso de nuestra historia.

Hay cientos de años robados ¿por qué? Hasta nombramos a una época “el oscurantismo” donde descaradamente fue anulado todo conocimiento y memoria inconveniente para los del poder.

El mundo es ambiguo y de pronto viene alguien a decirnos cómo debemos pensar y qué nueva dirección tomará el dogma. Si nos viajamos al pasado, tenemos, por ejemplo el modelo aristotélico del universo, el copernicano, el cristiano, el capitalista, los cuales nos proporcionaron universos cargados de realidad que se han ido desembarazado cada día más de la magia, paradigmas donde sólo se le da validez a lo que se puede tocar, la realidad aparente, pero se les ha escapado el mundo interior que no pueden controlar, es la realidad subjetiva, y que decir de la exclusión del mundo mágico, exclusivo para los que están en la cima del poder.

Me revelan y leo en Koestler que en las cosmologías antiguas, sobre la “Hería inmóvil rodeada por nueve esferas concéntricas y transparentes que se superponen unas a las otras” como las capas de una cebolla. Dios que gobierna desde el exterior sobre estas capas, un Dios de teología abstracta que no surge del interior como Anima Mundi, en el mundo de estas capas nos encontramos bajo la esfera de la luna, es decir, somos sublunares con el terror del cambio, porque más allá de esta región el universo es atemporal e inmutable. Nos encontramos cargados de densidad en el mundo de tercera dimensión.

En la meditación de la glándula pineal me revelan sobre 10 esferas, dimensiones o mundos, pero sólo 9 accesibles a nuestra conciencia, cuyas capas se rompen con una llave: la Piña en nuestro interior, es decir, la glándula pineal. Me pareció fascinante encontrar sustento en filosofías antiguas sobre la revelación que me fue proporcionada.

Crecimiento y decadencia, generación y destrucción, juventud y vejez, frescura y decrepitud en todo, en nuestro cuerpo y nuestra mente, ¿será que estamos irremediablemente condenados al cambio habitando en estas esferas inferiores? ¿Será que nada permanece, ni las ideas? ¿Será que nunca habrá una idea fija, y aunque parece que el pasado ya pasó, siempre puede reinterpretarse y reconfigurarse, parece finito y determinado, pero no, tiene en cambio, movimiento? ¿Será que estamos creando en realidad nuestro pasado? ¿Será que nos han hecho creer, incluso, en el lenguaje que es inamovible? ¿O será que el cambio es sólo una ilusión?

En la Tierra, tenemos los 4 elementos que se combinan y hacen que todo cambie, más el quinto elemento, el Espíritu; que ya lo decían en la antigüedad, es circular, perfecto y avanza eternamente.

Tal vez nos empeñamos en interpretar en los oráculos, a los planetas y dimensiones cómo circulares, esféricos, eternos. Pero nos confrontamos con nuestra idea terrenal, en tercera dimensión y finita de la realidad que nos impide conocer la verdadera naturaleza del Mundo y lo

eterno en otras dimensiones.

Tal vez la cosmología de Parménides donde nada cambia (esferas superiores) y la de Heráclito donde todo cambia (esferas inferiores) encuentran su reconciliación en la concepcion de la fatal concepción del mundo dual o como dice Koestler: es una yuxtaposición.

Tal vez, a mi conveniencia, soy muy relativista y acomodo todo a mi propia conveniencia y concepción del mundo, me pongo en los zapatos del filósofo y pienso: “Tal vez lo dijo por ésto…

¿Y qué tal si lo que conocemos del pensamiento antiguo es sólo aquello que no pudieron destruir? Conocemos las verdades a medias y tal vez dejaron las que no les presentaban un peligro o que eran obvias, las innegables al régimen establecido, como las de Hiparco y Erastótenes, Heraclides-Aristarco. Los piragoricos después Cicerón, Plinio. ¿Qué dirían las que fueron borradas?

Sólo son mis reflexiones, no me hagas caso.

¡Feliz cambio!



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